Adultos saltean vacunas y no se benefician de la nueva contra el herpes zóster

(Steve Debenport/Getty Images)

Funcionarios federales han recomendado una nueva vacuna que es más efectiva que una versión anterior para proteger a los adultos mayores contra la dolorosa erupción conocida como culebrilla (herpes zóster). Pero persuadirlos para usar esta vacuna, y otras recomendadas, sigue siendo una batalla cuesta arriba, dicen médicos y expertos en vacunación.

“Estoy sano, me vacuno cuando sea mayor”, es lo que los pacientes adultos a menudo le dicen al doctor Michael Munger cuando les menciona la vacuna contra la gripe, un refuerzo contra el tétanos-difteria o la nueva vacuna contra la culebrilla. A veces lo desacreditan cuestionando la efectividad de una vacuna.

“No es así con las vacunas infantiles”, dijo Munger, médico de familia en Overland Park, Kansas, quien es presidente de la Academia Estadounidense de Médicos de Familia. “Como padres, queremos asegurarnos que nuestros hijos estén protegidos. Pero como adultos, actuamos como si fuéramos invencibles”.

El nuevo cronograma de vacunas para personas de 19 años o más se publicó en febrero, luego de una recomendación del Comité Asesor de Prácticas de Inmunización del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y de su aprobación. El cambio más significativo fue aconsejar la vacuna contra el herpes zóster que fue aprobada por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) el otoño pasado, en lugar de una versión anterior.

La nueva vacuna, Shingrix, se debe administrar a los adultos que tienen al menos 50 años en dos dosis, entre dos y seis meses de diferencia. La vacuna anterior, Zostavax, todavía se puede administrar a adultos mayores de 60, pero se prefiere Shingrix, según los CDC. En ensayos clínicos, Shingrix fue 96.6% efectiva en adultos de 50 a 59 años, mientras que Zostavax fue 70%. Las diferencias fueron aún más marcadas con la edad: la efectividad en adultos de 70 años o más fue del 91.3% para Shingrix, en comparación con el 38% de Zostavax. Shingrix también proporcionó una protección más duradera que Zostavax, cuya eficacia disminuyó después del primer año.

Las nuevas pautas sugieren que a las personas que ya usaron Zostavax se las vuelva a vacunar con Shingrix.

La serie de dos dosis de Shingrix cuesta alrededor de $280, el precio de Zostavax es $213.

“Lo que es notable [acerca de la nueva vacuna] es que el alto nivel de inmunidad persiste incluso en los adultos mayores”, dijo la doctora Anne Louise Oaklander, neuróloga experta en culebrilla. “Es muy difícil que el sistema inmunológico de las personas mayores se entusiasme con cualquier cosa”.

El herpes zóster es causado por el mismo virus de la varicela-zoster que causa la varicela. El virus puede reaparecer décadas después que alguien se recupera de la varicela, a menudo causando una erupción dolorosa que puede arder o picar durante semanas antes de desaparecer. Aproximadamente uno de cada 3 estadounidenses tendrá culebrilla en algún momento de su vida; hay aproximadamente 1 millón de casos cada año.

Las personas son más propensas a desarrollar culebrilla a medida que envejecen, y otras complicaciones como la neuralgia pos herpética, que puede causar dolor severo y persistente después que la erupción cutánea haya desaparecido. En casos raros, la culebrilla puede provocar ceguera, pérdida de la audición o hasta la muerte.

Aunque las tasas de vacunación contra el herpes zoster han aumentado en los últimos años, solo un tercio de los adultos que tenían 60 años o más recibieron la vacuna Zostavax en 2016.

Otras tasas de cobertura de vacunas para adultos también son bajas: 45% para la vacuna contra la gripe y 23% para las vacunas antineumocócica y contra el tétanos, la difteria y la tos ferina.

Por el contrario, a los 3 años, típicamente más del 80% de los niños, y con frecuencia más del 90%, han recibido las vacunas recomendadas.

¿Por qué? El costo puede ser un gran impedimento para las vacunas de adultos. El programa federal Vaccines for Children ayuda a los padres cuyos hijos son elegibles para Medicaid, o que no están asegurados, a cubrir el costo de las vacunas hasta los 19 años.

Por la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA), los adultos con seguro privado también están protegidos de los altos costos porque las vacunas recomendadas por los CDC deben estar cubiertas por la mayoría de los planes comerciales sin cobrar a los consumidores nada de su bolsillo. Sin embargo, los pacientes deben confirmar su cobertura antes de solicitar la nueva vacuna contra el herpes zoster, porque las aseguradoras generalmente agregan nuevas vacunas gradualmente a sus formularios después que se hayan agregado a la lista recomendada, y es posible que los consumidores tengan que esperar un poco para usarla.

Pero la cobertura de vacunas bajo el programa Medicare para personas de 65 años o más es mucho menos integral. Las vacunas para prevenir la influenza y la neumonía están cubiertas sin un copago bajo Medicare Parte B, que cubre la atención ambulatoria.

Otras vacunas, incluida la vacuna contra el herpes zóster, por lo general están cubiertas por los planes de medicamentos de la Parte D, pero así y todo algunos tendrán que pagar.

Eso puede representar un problema importante para los pacientes. “No todos los beneficiarios de Medicare eligen la Parte D, e incluso si la tienen, algunos tienen deducibles y copagos”, dijo el doctor William Schaffner, especialista en enfermedades infecciosas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Vanderbilt.

Incluso si los adultos quieren obtener las vacunas recomendadas, a veces pierden la noción de lo que han recibido y cuándo. Los pediatras informan rutinariamente las vacunas que administran a los registros de vacunación estatales o municipales que recopilan y consolidan electrónicamente la información. Pero los registros no se usan ampliamente para adultos, que tienen más probabilidades de obtener vacunas en varios lugares, como por ejemplo una farmacia o en el trabajo.

“Siempre les pregunto a los pacientes: ‘¿Recibieron todas las dosis?’ ‘¿En dónde se vacunaron?'”, explicó la doctora Laura Riley, vicepresidenta de obstetricia del Hospital General de Massachusetts de Boston, quien es miembro del Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización. “Puede ser muy difícil de rastrear”.

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