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Viaje a la cueva de los murciélagos: mientras buscan el origen de covid, científicos reavivan el debate sobre la “fuga de laboratorio” de Wuhan

La idea de que el virus que causa covid escapó de un laboratorio chino, una teoría que en su momento se consideró conspirativa, está cobrando fuerza. Al mismo tiempo, peligra la reputación de renombrados científicos, al igual que su seguridad personal.

En el centro de la tormenta se encuentra Peter Daszak, cuya EcoHealth Alliance ha trabajado directamente con científicos chinos especializados en el coronavirus durante años. El científico ha sido ridiculizado por los republicanos y su trabajo ha perdido la financiación de los Institutos Nacionales de Salud (NIH).

Está recibiendo un aluvión de amenazas, incluso cartas de odio con polvos sospechosos. Daszak admitió, durante una de las pocas entrevistas que concedió, que, aunque no cree que sea posible, tampoco puede refutar que el mortal coronavirus surgiera por una fuga en el laboratorio del Instituto de Virología de Wuhan.

“Es una buena teoría de la conspiración”, dijo Daszak a KHN. “Extranjeros diseñando un virus en un laboratorio misterioso, una actividad perversa, y luego el manto de secreto que rodea a China”.

Pero atacar a los científicos “es disparar contra las personas capaces de alertar por dónde puede aparecer la próxima pandemia”. Sin embargo, ¿qué pasaría si estos “mensajeros” no sólo trajeran malas noticias, sino que además desataran accidentalmente un virus que llegara a matar a más de 3 millones de personas?

La hipótesis científica más aceptada sostiene que el virus que causa covid surgió de mutaciones naturales al propagarse de los murciélagos a los humanos, posiblemente en uno de los numerosos mercados de China, en donde se venden y sacrifican animales enjaulados. Una explicación alternativa es que el virus se filtró de alguna manera desde el instituto de Wuhan, uno de los socios científicos de Daszak, posiblemente a través de un trabajador de laboratorio infectado.

La hipótesis de la fuga del laboratorio ha ido ganando adeptos a medida que fue pasando el tiempo y los científicos no terminan de encontrar un murciélago, u otro animal, infectado con un virus con la genética característica de covid.

En contraste, a los pocos meses de iniciarse la pandemia de SARS en 2003, los científicos encontraron el coronavirus culpable en animales vendidos en los mercados chinos. Sin embargo, las muestras de 80,000 animales, hasta la fecha, no han permitido encontrar un virus que apunte a los orígenes del SARS-CoV-2, el virus que causa covid. Los ancestros del virus se originaron en murciélagos del sur de China, a 600 millas de Wuhan. Pero covid contiene mutaciones, o secuencias inusuales, que lo hicieron idóneo para infectar a las personas, una cuestión que el periodista Nicholas Wade analizó en profundidad.

Los científicos del Instituto de Wuhan han recogido miles de especímenes de coronavirus de murciélagos y los han registrado en bases de datos cerradas. ¿Podría uno de esos virus haberse escapado, quizá tras un experimento que lo volviera más peligroso?

Daszak, que considera que estas teorías son engañosas, fue el único estadounidense de un equipo de 10 miembros que la Organización Mundial de la Salud (OMS) envió a China este invierno, para investigar los orígenes del virus. El grupo concluyó su trabajo sin conseguir acceso a las bases de datos del Instituto de Virología de Wuhan, pero descartó la hipótesis de la fuga del laboratorio por improbable. Aunque Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, dijo que la hipótesis “requiere más investigación”.

El 14 de mayo, 18 expertos en virus e inmunología publicaron una carta en la revista Science en la que exigían una investigación más profunda. “Las teorías de la liberación accidental desde un laboratorio y de la propagación zoonótica siguen siendo viables”, escribieron, y añadieron que el instituto de Wuhan debería abrir sus registros. Uno de los firmantes es un virólogo de Carolina del Norte que ha trabajado directamente con los principales científicos de Wuhan.

Esa demanda es “definitivamente inaceptable”, respondió Shi Zhengli, que dirige el Centro de Enfermedades Infecciosas Emergentes del instituto. “¿Quién puede aportar pruebas que no existen?”, declaró a la MIT Technology Review. Shi ha dicho que los miles de intentos de piratear sus sistemas informáticos obligaron al instituto a cerrar su base de datos.

Muchos virólogos creen que la “transmisión zoonótica” —de un murciélago o algún otro animal a un humano— sigue siendo el origen más probable. Sin embargo, la falta de pruebas es preocupante, 17 meses después de la aparición de covid, señaló Stanley Perlman, virólogo de la Universidad de Iowa que no estuvo entre los que firmaron la carta de Science.

El hecho de que no se haya encontrado ningún murciélago u otro animal infectado con algo parecido al virus de covid, que surgió repentinamente en Wuhan a finales de 2019, “ha vuelto a poner sobre la mesa la hipótesis de una fuga de laboratorio”, aunque tampoco hay pruebas que apoyen esa teoría, añadió Perlman.

Alina Chan, investigadora postdoctoral del Instituto Broad que firmó la carta de Science, coincide en que no hay pruebas “determinantes” en ninguno de los dos sentidos sobre la aparición de covid. Pero Chan dijo que una red de detectives aficionados ha reunido pruebas, de que el instituto de Wuhan tiene virus similares a covid en su colección que no ha depositado en las bases de datos mundiales, como sería habitual durante una pandemia global.

Chan y otros tienen especial curiosidad por un grupo de virus similares al SARS que el instituto recogió en una cueva de la provincia de Yunnan, donde los mineros del guano sufrieron un brote mortal de una enfermedad respiratoria en 2012.

“No tenemos acceso a esos datos”, dijo Chan. Ella misma y otros científicos se preguntan por qué el virus de covid fue tan idóneo para la transmisión de persona a persona desde el principio, sin signos de un huésped intermedio o de circulación en la población humana antes del brote de Wuhan.

En un artículo publicado en un foro de virología, Robert Garry, de la Universidad de Tulane, que duda de la hipótesis de una fuga de laboratorio, aportó un nuevo fragmento de pruebas de “contagio”: el informe de la OMS muestra que algunos de los primeros 168 casos de covid estuvieron vinculados a dos o más mercados de animales en Wuhan, explicó, con cepas de diferentes mercados que muestran ligeras diferencias en su secuencia genética. “Tal vez un animal estuvo en un camión con un montón de jaulas y luego lo propagó a otra especie y ahí es donde se produjo el cambio”, dijo Garry.

Garry y otros científicos internacionales han trabajado con Shi y su laboratorio durante años. Admitió que las pruebas que sostienen lo que supone Garry no son irrefutables, pero son más convincentes que “inventar algo como que algunos de los principales virólogos del mundo ocultan información a instancias del Partido Comunista chino”, añadió.

Zhengli no tiene mayor defensor en los Estados Unidos que Daszak, cuya EcoHealth Alliance era una organización de protección de la fauna cuando se unió a ella hace dos décadas. Desde entonces, el grupo ha ampliado sus objetivos, pasando de la protección de especies en peligro a la protección de los seres humanos amenazados por los agentes patógenos que se trafican con esos animales.

Los más de $50 millones que EcoHealth Alliance ha recibido de financiación estadounidense desde 2007 incluyen contratos y subvenciones del NIH, la Fundación Nacional de la Ciencia y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), así como fondos del Pentágono para buscar organismos que puedan convertirse en armas bioterroristas.

Daszak ha sido coautor de al menos 21 trabajos de investigación sobre los coronavirus de los murciélagos desde 2005, encontrando cientos de virus capaces de infectar a humanos.

Calcula que alrededor de un millón de personas al año se infectan con virus que portan los murciélagos, una cifra que ha aumentado a medida que los humanos invaden sus hábitats.

Recordó una visita en 2019 a una cueva con millones de murciélagos. “Los turistas entraban allí en pantalón corto, y nosotros con el EPI completo. Nos preguntaron: ‘¿Qué están haciendo?’ y les dijimos: ‘Buscamos virus como el SARS'”.

En abril de 2020, citando lo que dijo que eran pruebas de la relación del virus con el laboratorio de Wuhan, el presidente Donald Trump ordenó al NIH que cancelara una subvención de cinco años y $3,7 millones para EcoHealth Alliance para la investigación del virus del murciélago. Sin embargo, alrededor del 70% del presupuesto anual de $12 millones del grupo sigue proviniendo del gobierno estadounidense, dijo Daszak.

Cuando se congeló la subvención del NIH, Daszak calificó la hipótesis de fuga del laboratorio de “puras mentiras”, y añadió que estaba seguro de que sus socios chinos no ocultaban nada. Pero admite que es imposible refutarla.

“Hay muchas razones para cuestionar la apertura y la transparencia de China en toda una serie de cuestiones, incluida la notificación temprana de la pandemia”, dijo a KHN. “Nunca se puede decir definitivamente que lo que China nos dice es correcto”.

Daszak dijo que cree más probable que China esté encubriendo el papel de los mercados de animales salvajes del país en el origen de covid. La cría de estos animales da trabajo a 14 millones de personas, y el gobierno ha cerrado y reabierto los mercados desde el SARS. Tras el brote de covid, la investigación de las autoridades chinas en los mercados de animales de Wuhan, donde el virus podría haber mutado tras su paso por diferentes especies, fue incompleta, apuntó Daszak.

“La gente no se da cuenta de lo sensible que es China al respecto”, dijo. “Es plausible que hayan reconocido que había casos procedentes de un mercado y lo hayan cerrado”.

Controversia con historia

En parte, el conflicto científico sobre la hipótesis de laboratorio tiene sus raíces en un debate sobre los experimentos de “ganancia de función” (en el contexto de un laboratorio, se vuelven a microorganismos más transmisibles, y peligrosos, para analizar justamente cómo se adaptan a las presiones del medio ambiente, con la meta de crear vacunas y terapias más eficaces), un trabajo que en teoría podría conducir a la creación y liberación de organismos más infecciosos o mortales.

En estos experimentos, los científicos de un laboratorio pueden, por ejemplo, probar la capacidad de un virus para mutar exponiéndolo a diferentes tipos de células, o a ratones modificados genéticamente con rasgos del sistema inmunitario humano.

Al menos seis de los 18 firmantes de la carta de Science forman parte del Grupo de Trabajo de Cambridge, cuyos miembros se preocupan por la liberación de patógenos del creciente número de laboratorios de virus en todo el mundo.

En 2012, el doctor Anthony Fauci, que dirige el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas del NIH, se pronunció a favor de una moratoria sobre este tipo de investigación, planteando un escenario hipotético que involucra a un científico mal capacitado en un laboratorio mal regulado: “En un giro improbable pero concebible de los acontecimientos, ¿qué pasa si ese científico se infecta con el virus, lo que conduce a un brote y finalmente desencadena una pandemia?”, escribió Fauci.

En 2017, el gobierno federal levantó su pausa sobre tales experimentos, pero desde entonces ha exigido que algunos sean aprobados por una junta federal.

Durante la comparecencia de Fauci ante el Senado, el senador Rand Paul (republicano de Kentucky) citó un artículo de 2015 escrito por Zhengli, Ralph Baric de la Universidad de Carolina del Norte y otros, en el que fusionaron un virus similar al del SARS con una nueva proteína de espiga del virus de los murciélagos y descubrieron que enfermaba a ratones de laboratorio. El experimento aportó pruebas de los peligros que acechan en las cuevas de murciélagos chinas, pero los autores también plantearon la cuestión de si tales estudios eran “demasiado arriesgados para continuarlos”.

Los críticos han utilizado este documento como prueba de que Zhengli estaba realizando experimentos de “ganancia de función”, que podrían haber creado una superbacteria, pero el científico lo niega. La investigación citada en el documento se llevó a cabo en Carolina del Norte.

Utilizando una técnica similar, en 2017, el laboratorio de Baric demostró que el remdesivir

—que hasta hoy es el único fármaco autorizado para tratar covid— podría ser útil para combatir las infecciones por coronavirus. Baric también ayudó a probar la vacuna contra covid de Moderna y un nuevo candidato a fármaco líder contra covid.

La investigación sobre los virus similares a covid es vital, dijo Baric. “Una terrible verdad”, aseguró, “es que existen millones de coronavirus en los reservorios animales, como los murciélagos, y por desgracia muchos parecen estar preparados para una rápida transmisión entre especies”.

Baric declaró a KHN que no cree que covid sea el resultado de una investigación de “ganancia de función”. Pero firmó la carta de Science pidiendo una investigación más exhaustiva del laboratorio de sus colegas chinos porque, aunque él “personalmente cree en la hipótesis del origen natural”, la OMS debería organizar una investigación rigurosa y abierta.

Según Baric, debería revisar el nivel de bioseguridad con el que se llevó a cabo la investigación sobre el coronavirus en murciélagos en el Instituto de Virología de Wuhan, obteniendo información detallada sobre los procedimientos de formación y seguridad, y los esfuerzos para controlar posibles infecciones entre el personal del laboratorio.

Fauci también dijo a KHN, en un correo electrónico, que “en el NIH estamos muy a favor de una investigación exhaustiva sobre los orígenes del SARS-CoV-2”.

Superar el muro de secretos

Las tensiones entre Estados Unidos y China dificultarán mucho la conclusión de cualquier estudio de este tipo, sugieren científicos de ambos lados del debate. Con su retórica antichina, Trump y sus asesores “no podrían haber dificultado más la cooperación”, señaló el doctor Gerald Keusch, director asociado del Instituto del Laboratorio Nacional de Enfermedades Infecciosas Emergentes de la Universidad de Boston.

Si una enfermedad hubiera surgido en Estados Unidos y los chinos culparan al Pentágono y exigieran acceso a los datos, “¿qué diríamos?”, preguntó Keusch, “¿Les ofreceríamos la alfombra roja: ‘Vengan a Fort Detrick y al Rocky Mountain Lab’? Habríamos hecho exactamente lo mismo que hicieron los chinos”.

Sin embargo, aunque China haya cerrado sus laboratorios a la investigación externa, eso no significa que todas las vías de investigación estén cerradas, aseguró Chan. Muchos científicos chinos estuvieron en contacto con colegas y revistas fuera del país cuando surgió la pandemia. Según Chan, esas comunicaciones pueden contener pistas, y alguien debería entrevistar metódicamente a las personas contactadas.

Vale la pena recordar que el único ataque bioterrorista a Estados Unidos, en lo que va del siglo XXI, consistió en el envío de esporas de ántrax por parte de un investigador estadounidense a políticos y periodistas. Cientos de millones de dólares se destinan a la investigación de organismos en todo el mundo y existen riesgos de fugas, accidentales o intencionadas, por muy sofisticado que sea el laboratorio, señaló Chan.

Pero no sería prudente limitar el apoyo a la investigación mundial de los virus, advirtió Jonna Mazet, profesora de la Universidad de California-Davis que dirigió un programa financiado por USAID que capacitó a científicos de todo el mundo para recoger e investigar virus animales. Por sus esfuerzos, ha recibido amenazas de muerte y ataques de hackers a sus ordenadores y al sistema de alarma de su casa.

“Si no hacemos el trabajo”, dijo, “sólo seríamos presas fáciles para el siguiente ataque”.

La corresponsal de KHN, Rachana Pradhan, contribuyó a este informe.

Esta historia fue producida por KHN, que publica California Healthline, un programa editorialmente independiente de la California Health Care Foundation.

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