¿Quién lo hubiera dicho? La vida comienza (de nuevo) a los 65

Bruce Horovitz con su esposa, Evelyne, y sus hijas Becca (izq.) y Rachel, en Interlaken, Suiza. (Cortesía de Bruce Horovitz)

Estaba convencido de que me convertiría en adulto cuando cumpliera 21 años. Pero ahora, estoy seguro de que alcanzar los 65 fue el momento decisivo que finalmente me hizo crecer.

Me siento feliz de tener 65 años y estar vivo. No solo vivo y respirando, sino participando activamente en la toma de las decisiones correctas sobre este próximo capítulo en mi vida.

“Entramos en esta fase de la vida sin un guía ni nada equivalente a instituciones como la escuela primaria y la universidad que preparan a los jóvenes para la edad adulta”, dijo James Firman, CEO del Consejo Nacional sobre el Envejecimiento, quien cumplió 65 hace dos años. “Realmente no hay nada que nos prepare para esta transición”.

Esta es mi guía sobre cómo prepararse para la vida después de los 65:

  • Considera inscribirte en Medicare Parte A, para cubrir los gastos de hospitalización. A mí me funciona porque mi familia todavía está cubierta por el plan de salud de mi esposa.
  • Hazte más chequeos. La visita anual a mi médico de atención primaria se convirtió en una cita bianual. “Los 65 es un momento para visitar proactivamente a un médico geriatra en vez de hacer una cita solo cuando estás en problemas”, dijo el doctor Ardeshir Hashmi, director del Centro de Medicina Geriátrica de la Clínica Cleveland. “No esperes hasta que las cosas lleguen a un punto en el que estés dentro y fuera del hospital todo el tiempo”. Agregó que, a partir de los 65, estas visitas deberían durar más de 20 minutos, para que los pacientes mayores tengan tiempo de discutir lo que piensan. Los que hacen esto con regularidad tienden a requerir “ajustes menores” en lugar de reparaciones mayores, dijo Hashmi.
  • Programa visitas anuales al dermatólogo, oftalmólogo, y visitas cada cinco años al gastroenterólogo. “Tener un equipo de atención coordinada se vuelve más importante a los 65”, dijo Jean Setzfand, vicepresidente senior de programas de AARP.
  • Regístrate en un seguro de salud a largo plazo. Mi esposa y yo finalmente lo hicimos después de posponerlo durante años. Recuerda: es mucho más fácil, y más económico, obtenerlo cuando tienes menos de 65 años.
  • Vuelve a ponerte vacunas. Las vacunas son importantes de nuevo. Desde que cumplí 65 he recibido mi primera vacuna contra la neumonía. Y mi médico también me dijo que me pusiera la nueva vacuna contra la culebrilla, llamada Shingrix, porque desarrollé “singles” hace unos cinco años.
  • Evalúa tu dieta. En su mayoría he dejado de comer carne roja, a excepción de una hamburguesa ocasional. Ahora opto por comidas compuestas principalmente de frutas, verduras y mi nuevo alimento básico que solía odiar de niño: el salmón.
  • Ponte al día con el Seguro Social. Asistí a un seminario gratuito financiado por el condado en la biblioteca local. Luego, para hablar sobre mis necesidades personales, me reuní (gratis) con el mismo voluntario que dirigió el seminario.
  • Desafía a tu plan financiero. Cambié de asesores financieros, según las recomendaciones de amigos de confianza, porque mis inversiones son más importantes que nunca.
  • Sirve a tu comunidad. Aumenté mi tiempo de voluntariado a una vez a la semana en lugar de una vez al mes en un banco de alimentos local. También me ofrezco voluntariamente cada dos semanas en un refugio local para personas sin hogar en el turno de 5 pm hasta la medianoche. Recientemente, comencé a trabajar como voluntario en un centro de terapia ecuestre para niños con discapacidades mentales o físicas. Cada uno de mis elecciones de voluntariado refleja mis intereses personales.
  • Mantente activo. Extendí mi rutina diaria de ejercicios de cinco días a siete. Ahora nado al menos cinco días a la semana; y llevo a nuestro perro, Shadow, a dar paseos de 45 minutos dos veces al día. También juego al Wallyball (una forma de vóleibol de interior muy rápido) todas las semanas con amigos que están igualmente motivados para mantenerse en forma.
  • Estira tus músculos. Aprendí a estirar los músculos de mi espalda un tiempo extra largo antes de comenzar cualquier ejercicio extenuante. Cuando lo olvido, inevitablemente sufro las consecuencias.
  • Mira al futuro. Comencé conversaciones “adultas” sobre el final de la vida con mis hijas, que desearía que mis padres hubieran tenido conmigo.
  • Pon en orden tus papeles. No solo actualicé mi testamento, sino que llené un folleto de “Cinco Deseos” al final de la vida creado por el grupo sin fines de lucro Aging With Dignity; y fui bien específico, por escrito, acerca de dónde quiero que se dispersen mis cenizas.
  • Permanece conectado, y no aislado con tu iPad, celular o Kindle. Recuperé amigos, desterré rencores y restablecí contacto con mi mejor amigo de la universidad cuya amistad había perdido tontamente.

Bruce Horovitz, quien es voluntario en un banco de alimentos en Arlington, Virginia, en un stand para reclutar estudiantes voluntarios en un evento en George Mason High School, en Falls Church, Virginia.(Credit: Marybeth Connelly/Falls Church City Public Schools)

Horovitz pasea a su perro Shadow, dos veces al día, 45 minutos cada vez.(Credit: Evelyne Horovitz )

A los 65 es cuando muchos de nosotros nos damos cuenta que somos mortales. “Es cuando empezamos a pensar en nuestros próximos 20 a 30 años”, dijo Hashmi. “Es cuando nos preguntamos: ¿Cómo puedo usar el tiempo que me queda sabiamente?”

Eric Tyson, autor de “Personal Finance After 50 for Dummies”, teoriza que una de las tormentas más poderosas al cumplir 65 es cómo afecta la vida laboral. Es cuando la mayoría de las personas pasa de trabajar a tiempo completo a trabajar menos, o a no trabajar, dijo. “El mejor escenario es cuando este cambio puede desarrollarse a lo largo de varios años y no de golpe”.

Fue así para mí. Las cosas empezaron a cambiar a los 62 años, cuando me acogí a un retiro voluntario en USA TODAY, donde trabajé durante más de 20 años como reportero de negocios. Ahora soy escritor independiente y consultor sobre medios de comunicación.

Entonces, a los 65 años, lo único que he optado por posponer durante al menos unos años es retirarme. Aunque sigue siendo la edad de jubilación más común, más y más personas están rompiendo esa tradición, dijo Setzfand de AARP.

Llámalo vivir con un propósito.

Cumplir 65 años no es solo una extensión de la mitad de la vida. Es un nuevo capítulo que está por escribirse. “Es una nueva etapa de la vida que nos recuerda que no estamos aquí para siempre”, dijo Firman. Hace aproximadamente una década, a los 56 años, Firman tuvo una operación de bypass quíntuple. Su padre, su abuelo y su tío murieron de enfermedades del corazón en sus 40 y 50 años.

Firman no está perturbado por los genes familiares que heredó. En cambio, está celebrando su supervivencia. Cuando cumplió 65, dijo que se dio cuenta que el verdadero propósito del envejecimiento es hacer del mundo un lugar mejor. “La vida es un regalo”, dijo. “El éxito en la vejez comienza con una actitud de gratitud”.

Parece que Firman y yo compartimos un rasgo común: ambos maduramos a los 65 años.

La cobertura de KHN de estos temas está respaldada por la John A. Hartford Foundation y la SCAN Foundation.

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