Telemedicina abre las puertas para que presos reciban atención de especialistas

Reclusos esperan por medicamentos, y para ver a proveedores de salud, en la clínica de la cárcel del condado de Los Angeles, en enero. (Heidi de Marco/KHN)

Cuando un preso necesita ver a un especialista médico, puede resultar complicado.

Las prisiones suelen estar ubicadas en zonas rurales alejadas de centros de salud donde están los expertos en cáncer, en enfermedades del corazón y en el tratamiento de otras condiciones. Incluso, aunque se trate de una visita a un hospital de la ciudad, al preso se lo debe trasladar bajo vigilancia y, a menudo, con grilletes.

El proceso es caro para el centro penitenciario, y estresante para el paciente.

Ante esta situación, muchas cárceles han adoptado la telemedicina. El uso de la videoconferencia permite a los presos conectarse con especialistas y psiquiatras sin moverse de la cárcel.

Una encuesta, realizada en 2011, por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) sobre la salud en las prisiones halló que 30 estados, de los 45 que respondieron al sondeo, dijeron que utilizaron la telemedicina para al menos un tipo de especialidad o diagnóstico. Los estados reportaron que fue para consultas siquiátricas (62.2%) y de cardiología (26.6%), según la investigación publicada en 2016.

Entre los sistemas penitenciarios que ofrecen estos servicios se encuentra Rikers Island, que alberga nueve prisiones en una isla cerca al aeropuerto de LaGuardia, en Nueva York. Hace poco, el sistema comenzó a proporcionar servicios de telesalud para las reclusas que necesitan consultas de oncología, reumatología y hematología. Y esperan agregar otras especialidades en el futuro.

Los reclusos varones de Rikers llevan recibiendo servicios de telesalud desde 2016. Unos 40 presos tienen cada mes consultas virtuales con especialistas en las áreas mencionadas y en enfermedades infecciosas, urología, dermatología, neumología y gastroenterología.

“Al principio, implementamos [la telemedicina] por su eficiencia, para evitar las horas de transporte”, indicó el doctor Ross MacDonald, director médico de NYC Health + Hospitals/Correctional Health Services, que administra los servicios de salud en Rikers. “Pero con el tiempo hemos aprendido que realmente mejora la atención clínica”.  La telemedicina permite que el doctor de la cárcel pueda consultar con el especialista en el hospital, dijo MacDonald.

El personal clínico proporciona la atención primaria en la cárcel. Cuando surge un caso que requiere la consulta con un especialista, la paciente es enviada a la clínica del centro con el profesional que la derivó y los dos revisan el historial médico y los síntomas con un especialista de NYC Health + Hospitals/Elmhurst en Queens a quien ven en una pantalla.

Si es necesario chequear los signos vitales o se precisa realizar otras pruebas, el proveedor de atención primaria puede hacerlo y pasarle la información al especialista. Si después de esa consulta se necesitara un examen presencial con el especialista, se haría una cita, explicó MacDonald.

“No se trata de reemplazar las consultas en persona, sino de complementarlas”, añadió.

Sin embargo, quienes abogan por los derechos de los reclusos han mostrado su preocupación por el aumento en el uso de la telemedicina.

Khalil Cumberbatch argumentó que las consultas a través de video pudieran elevar el sentimiento de aislamiento de los presos. Cumberbatch pasó casi un año en Rikers Island, primero esperando el juicio por cargos de robo en primer grado a principios de la década de 2000, y luego mientras apelaba su condena.

Ahora trabaja como vicepresidente asociado de políticas en la Fortune Society, una organización sin fines de lucro que apoya la reinserción social de quienes han cumplido condena.

“Estás eliminando el contacto con el mundo exterior”, dijo. “Hay un nivel de empatía que se puede perder cuando te relacionas a través de una pantalla”.

Pero para los presos enfermos, eso puede no tener tanta importancia, según algunos expertos.

“Muchos de ellos no quieren ser atendidos en el exterior”, dijo el doctor Edward Levine, director de atención médica de prisiones del Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio, quien ha estado participando en telemedicina con el Departamento de Rehabilitación y Prisiones de Ohio desde 1995. “Estas personas están enfermas y tienen que subirse a un autobús, sufrir los baches, los retrasos, y si no se sienten bien, no va a ser una buena experiencia para ellos”.

Levine calcula que ve hasta 150 pacientes de gastroenterología al año en las 29 prisiones de Ohio utilizando la telemedicina. “Estableces una relación con ellos de la misma manera que lo harías si los vieras en una clínica”, aseguró.

Si bien los reclusos pueden tener que hacer copagos por consultar dolores y malestares comunes, por lo general no tienen que pagar por ver a un especialista, ya sea en persona o por medio de la telemedicina, dijo la doctora Anne Spaulding, epidemióloga y profesora asociada en la escuela de salud pública de la Universidad de Emory en Atlanta, quien ha trabajado como directora médica en centros penitenciarios. Eso se debe a que usualmente el que inicia la atención especializada suele ser un proveedor de servicios médicos y a los reclusos se les cobra por las visitas médicas que ellos mismos piden, explicó Spaulding.

La telemedicina puede mejorar la continuidad de la atención y ayudar a los pacientes a mantener las afecciones crónicas bajo control. En un estudio de adultos con VIH encarcelados en las instalaciones del Departamento Correccional de Illinois, el 91% de los pacientes de telemedicina lograron la supresión completa del virus durante las primeras seis consultas, en comparación con el 59% de los pacientes que recibieron atención estándar en la prisión.

El estudio atribuyó estos resultados a que los especialistas proporcionaron cuidados de salud actualizados y basados en evidencia a través de la telemedicina, en lugar de depender de los médicos de atención primaria en los centros penitenciarios.

“Si podemos verlos en tiempo real sin tener que abandonar las instalaciones, obtenemos mejores resultados”, dijo el doctor Jeremy Young, especialista en enfermedades infecciosas y profesor asociado de medicina en la Universidad de Illinois en Chicago, quien fue el autor principal del estudio.

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