Más allá de teorías conspirativas, éste es el trabajo de los rastreadores de contactos

(Hanna Norman/Ilustración de KHN)

En medio de la pandemia de COVID-19, el rastreo de contactos es objeto de comentarios positivos… y algunos negativos.

El rastreo de contactos es la práctica de salud pública de informar a las personas cuando han estado expuestas a una enfermedad contagiosa. A medida que se amplía en todo el país, también ha sido objeto de teorías conspirativas.

Desde información falsa que asegura que las personas que hablan con los rastreadores de contactos serán enviadas a “campamentos de FEMA” hasta rumores de que todo es un complot de elites globales lideradas por Bill Gates, George Soros o la Fundación Clinton.

Estos rumores han sido tan frecuentes que funcionarios de salud en el estado de Washington tuvieron que emitir una declaración en mayo para desacreditarlos.

El Instituto para el Diálogo Estratégico (ISD), una organización con sede en Londres que estudia la polarización de la información, dice que estos rumores no solo onstaculizan el desarrollo científico, sino también el trabajo de los rastreadores.

La dinámica, señala ISD en un informe de junio, “está siendo generada tanto por usuarios individuales de redes sociales como por personas influyentes clave en comunidades conspirativas”, y juega con el temor de que hay un Big Brother que nos está observando.

Según ese informe, las publicaciones en las redes sociales, principalmente videos, se han asociado con el “intercambio generalizado de peticiones y otros esfuerzos para impulsar la acción política contra el rastreo de contactos”.

Los videos, cargados de desinformación y conspiración, como decir que los rastreadores buscan interferir con las elecciones de noviembre, “están recibiendo más de 300,000 visitas cada uno en YouTube y se comparten decenas de miles de veces en páginas y grupos públicos de Facebook”.

Por supuesto, la verdadera historia detrás del rastreo no se parece en nada a estas coloridas teorías conspirativas. Es una estrategia de control de infecciones antigua, y, en realidad, hasta tediosa.

“Lo hemos estado haciendo en salud pública durante décadas”, dijo Marcus Plescia, director médico de la Asociación de Funcionarios de Salud Estatales y Territoriales.

Parte del trabajo de estos “detectives” es frenar la propagación de la enfermedad contactando a las personas que dan positivo, y a aquéllas con las que han estado en contacto cercano, y proporcionar el apoyo necesario para que puedan hacerse la prueba para COVID y eventualmente aislarse. Tiene que hacerse rápidamente y requiere mucha gente.

El reciente aumento de casos en algunas partes del país esta dificultando esta tarea.

Así que echemos un vistazo a este proceso de salud pública.

¿Cuál es el proceso?

Cuando una persona da positivo para ciertas enfermedades transmisibles, los proveedores de atención médica deben informarlo a los departamentos de salud pública.

Ahí es cuando entran en acción los rastreadores de contactos.

El rastreador le pedirá al doctor la dirección del paciente. Algunos sitios de las redes sociales lo han calificado de nefasto, pero no lo es. El rastreador no quiere proporcionar información médica privada: “Sr. López, veo que has dado positivo para COVID”, a la persona equivocada.

Las personas contactadas también deben sentirse libres de confirmar que realmente es el departamento de salud pública quien llama, señalan expertos, ya que ha habido informes de llamadas fraudulentas.

Durante la llamada inicial, el rastreador se asegura que el paciente esté bien y que comprende la enfermedad y qué esperar. Idealmente, construye una relación con el paciente. Algunos pueden ayudarlos con recursos o servicios locales, como la entrega de alimentos o los suministros médicos necesarios, que pueden hacer que sea más fácil permanecer aislado hasta que se hayan recuperado del virus.

¿Qué es un contacto cercano?

Los rastreadores de contactos preguntan a dónde viajó la persona infectada y con quién estuvo en contacto, generalmente definido como a 6 pies por 15 minutos o más, durante los dos días anteriores a que se presentaran los síntomas, hasta que se aislaron.

Eso no incluye cosas como simplemente pasar a la gente en la calle o abrir la puerta para recoger un paquete que dejó FedEx.

Proporcionar la información es voluntario, pero es la única forma en que los programas funcionarán. La mayoría de los pacientes lo hacen sin problemas, pero algunos son reacios, dijo Plescia.

“Eso fue un poco sorprendente”, dijo. “Pensarías que si pudieras enfermar a otra persona, te interesaría que esa persona sea notificada. Pero a algunos les preocupa las burlas”.

Los rastreadores no revelan el nombre de la persona infectada. Los contactos simplemente “reciben una llamada que dice ‘ha tenido una exposición significativa’”, dijo Crystal Watson, investigadora principal del Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud y coautora de un informe sobre el seguimiento de contactos.

Para ayudar con el rastreo, algunos restaurantes, tiendas, salones y otras empresas mantienen registros diarios de los clientes. Algunas voces en las redes sociales han expresado su preocupación por esos registros, diciendo que son intrusivos. Sin embargo, su propósito es facilitar que los funcionarios de salud notifiquen a otros empleados y clientes en caso de que alguien dé positivo.

Se insta a los contactos cercanos a ponerse en cuarentena durante 14 días, verificar su temperatura regularmente y evitar el contacto con otros miembros del hogar, si es posible.

Para cada paciente infectado, los rastreadores necesitan contactar a un promedio de otras 10 personas, dijo Watson, sin embargo, el número podría ser mucho mayor. “Si el rastreo de contactos se realiza en un lugar donde hay una gran epidemia y nadie está bajo restricciones de distanciamiento social, tendrás que contactar a más gente”, dijo.

La velocidad para encontrar contactos cercanos es esencial. Las personas infectadas comienzan a mostrar síntomas dentro de los dos a siete días posteriores a la exposición, aunque puede tomar hasta 14, y pueden ser contagiosas antes de que aparezcan los síntomas.

¿Quién hace todas estas preguntas?

En los primeros días de la pandemia de COVID en los Estados Unidos, el rastreo era limitado porque las pruebas para detectar el virus también lo eran. Las dos acciones realmente van juntas.

Ahora, con más pruebas disponibles, y con muchos estados iniciando la reapertura, el esfuerzo más específico de rastreo de contactos se vuelve importante.

Si se usa de manera efectiva, puede reducir drásticamente los brotes, como se observa en países que han empleado programas integrales de rastreo, como Japón, Nueva Zelanda y China.

Sin embargo, hasta ahora, Estados Unidos tiene un esfuerzo más limitado y varía según el estado.

Se estima que los departamentos de salud pública a lo largo del país han empleado a unos 37,000 rastreadores, triplicando el número en unas semanas, según una encuesta estatal de NPR.

Aún así, esos números están muy por debajo de las estimaciones de lo que muchos dicen que es necesario. De hecho, Watson y otros investigadores de Johns Hopkins dicen que Estados Unidos necesita agregar un mínimo de 100,000 rastreadores.

¿Pueden obligarme a estar en cuarentena?

Aunque los funcionarios de salud tienen la autoridad para aislar a las personas que representan un peligro para los demás, ese poder casi nunca se usa.

“La cuarentena obligatoria no se ha utilizado realmente en este país desde los días de la viruela”, dijo Watson.

Los funcionarios de salud pública evitan estas tácticas más agresivas porque no quieren disuadir a las personas de hacerse la prueba. En cuanto a sacar a la gente de sus hogares por la fuerza, eso tampoco sucede aquí, aunque sí lo hacen en algunos países autoritarios.

En cambio, varias ciudades y regiones están usando hoteles u otras instalaciones donde las personas infectadas o expuestas que viven en hogares donde no pueden aislarse de otros miembros de la familia pueden estar voluntariamente durante su convalecencia.

¿Está funcionando?

Ciertamente ha funcionado en otros países, dijo Howard Koh, profesor de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard, y ex subsecretario de salud en la administración Obama.

“Italia, España, China, Taiwán, Hong Kong y Nueva Zelanda han llegado al otro lado de la curva”, dijo Koh. “Cuando tienen brotes, son relativamente pequeños y actúan de inmediato”.

Una diferencia, dijo, es que esos lugares tienen una estrategia nacional.

“En nuestro país, tenemos una estrategia de 50 estados, una respuesta-mosaico que incluye el seguimiento de contactos, con algunos estados que la han aceptado y otros que apenas han comenzado”.

Massachusetts y Nueva York han reportado éxito con el rastreo, dijo Watson.

Pero hay muchas áreas del país donde los casos están aumentando, lo que complica los esfuerzos para controlar el virus. Con más interés en hacerse la prueba, aumenta el tiempo de respuesta para obtener resultados. Y un gran número de casos nuevos significa que los rastreadores de contactos tienen muchas más personas para contactar, lo que hace que sea difícil hacerlo en el corto período de tiempo necesario para que sa eficaz.

“Estoy desanimado porque muchos de los estados donde estamos viendo un gran aumentode casos en este momento no han puesto mucho esfuerzo en desarrollar su fuerza de trabajo de búsqueda de contactos”, dijo Watson, haciéndose eco de la llamada de Koh para un plan nacional. “Necesitamos una iniciativa del gobierno federal centrada en el rastreo de contactos”.

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